Con cerca del 80% del escrutinio electoral contabilizado, el bloque del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mantenía una ventaja sobre la oposición encabezada por Gadi Eisenkot, según estimaciones difundidas por medios de comunicación. El reparto preliminar situaba al bloque de Netanyahu en alrededor de 54 escaños y al opositor en 47, mientras los partidos árabes aumentaban su representación.

La Knéset, el Parlamento israelí, cuenta con 120 escaños y requiere al menos 61 para alcanzar la mayoría. Debido a que ninguno de los dos bloques principales llegaba por sí solo a esa cifra, el respaldo de las formaciones árabes podría resultar decisivo para la conformación del próximo Gobierno. El líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, expresó su disposición a contribuir a la salida de Netanyahu y de sus aliados de sus cargos.

La participación electoral alcanzó el 77.7%, la más alta desde los comicios de 1999, con un incremento notable entre la población árabe ciudadana de Israel. La incertidumbre sobre la composición del Gobierno también repercutió en los mercados financieros: la Bolsa de Tel Aviv abrió con fuertes caídas y el séquel se depreció frente al dólar y el euro.