Mientras adentro las tribunas se encendían con el inicio de la fiesta mundialista, afuera del Estadio Azteca estallaba el caos. Más de 200 jóvenes con el rostro cubierto irrumpieron hasta la Puerta 8 del inmueble y atacaron a elementos de la policía a sólo 10 minutos del comienzo del partido inaugural México-Sudáfrica, a pesar del operativo diseñado para dar acceso únicamente a los asistentes y vecinos.
Los manifestantes, pertenecientes al llamado “bloque negro” se dieron gusto arrojando piedras y artefactos explosivos a los escasos policías a caballo que les hicieron frente sólo al inicio.
Aunque las autoridades planearon por meses el operativo policial e inclusive lo ensayaron en la reinauguración del Azteca el 28 de marzo, los jóvenes embozados sorprendieron a los policías que custodiaban los filtros ubicados en avenidas a espaldas del estadio.
Exactamente a las 12:45 del mediodía, varios agentes de tránsito en motocicleta llegaron apresurados a la Puerta 8 para alertar que un numeroso contingente se acercaba desde avenida del Imán tras vandalizar comercios y autos.
Los pocos policías antimotines que resguardaban el exterior se metieron corriendo al estacionamiento enrejado, mientras que otros agentes ordenaban a gritos evacuar la zona, que la evacuaran a los escasos aficionados que paseaban.
El “bloque negro” llegó 5 minutos después, a las 12:50, y de inmediato lanzó piedras, botellas, explosivos y hasta las flores de cempasúchil con las que el gobierno de Clara Brugada decoró los camellones del exterior del estadio.
Decenas de policías antimotines reforzaron a sus compañeros de la policía montada y entonces comenzó un enfrentamiento que se extendió durante 40 minutos afuera del estadio, mientras adentro los miles de aficionados festejaban el primer gol de México.
Los agentes de casco y escudo replegaron a los embozados de vuelta hasta avenida del Imán para despejar la zona, en una batalla a lo largo de un kilómetro en la que no dejaron de volar piedras.
Latinus observó que policías golpearon a varios jóvenes, mientras que los manifestantes repartieron patadas y pedradas a algunos oficiales, incluida al menos una mujer.
En el momento más tenso, varios embozados formaron una barricada a mitad de la avenida con autopartes usadas que robaron de un taller mecánico y volcaron un viejo Volkswagen Sedan que sacaron del mismo sitio.
Hacia las 2:20 de la tarde, el “bloque negro” se retiró luego de que se reincorporaron varios participantes que los líderes acusaban que habían sido detenidos.
Antes, saquearon un Oxxo y una farmacia porque necesitaban “insumos médicos”. Una fuente dijo a Latinus que los productos robados a la farmacia sumaban unos 500 mil pesos porque muchos eran dermatológicos.
Como huracán, el paso de esta manifestación dejó una estela de daños entre Gran Sur y el estadio, con pintas en numerosas fachadas y automóviles ante la mirada atónita de vecinos de Santa Úrsula.
El “bloque negro” lanzó consignas de todo tipo: contra la FIFA, el Mundial y la gentrificación y de apoyo a Palestina, además de las demandas de vivienda y agua.
La irrupción de esta protesta exhibió la fragilidad del operativo en la denominada “última milla” del estadio, pues desde temprano también pudieron ingresar vendedores ambulantes y hasta activistas para protestar en la Puerta 8, localizada en la zona sur del estadio.
También demostró que resultó acertada la intuición de miles de aficionados que llegaron al estadio pasando las 7:00 de la mañana, cuando faltaban más de cuatro horas para el espectáculo de inauguración y seis horas para el partido, y así evitar contratiempos por protestas.
“Llegué temprano por el temor a las manifestaciones y nos quedáramos atorados”, dijo a Latinus Arturo Amaya, un asistente.
Entre las 7:00 y las 11:00 de la mañana, una marea de camisetas verdes recorrió festiva la avenida del Imán y Circuito Azteca hacia la Puerta 8, con bailes folclóricos a su paso, mientras eran guiados por decenas de voluntarios de la Ciudad de México y de FIFA.
En ese recorrido también observaron a 10 familiares de cuatro hombres del Estado de México desaparecidos desde febrero pasado en Mazatlán, Sinaloa, mostrando mantas con sus rostros y nombres para visibilizar el drama que enfrentan miles de familias en México.
“Que se quiten la venda de los ojos. Esto es México, no pedimos que dejen de ver un partido de futbol, simplemente pedimos que también vean nuestro dolor”, expresó a Latinus Adriana García, hermana de Óscar García, uno de los desaparecidos.
Para las 11:30 de la mañana, cuando inició la ceremonia inaugural, el exterior del recinto lucía sólo con familias habitantes de Santa Úrsula paseando, al igual que aficionados que quisieron vivir la experiencia mundialista al menos afuera del estadio.
Cuando acabó el partido, la gente encontró un escenario opuesto al de su llegada, pues ya no había bailables jarochos ni música y en su lugar había pintas, botellas rotas en el suelo y las flores de cempasúchil del camellón regadas por todos lados.
Entre los más sorprendidos estaba Mauricio Montoya, un jefe de ventas de Coca-Cola que encontró su automóvil, estacionado en avenida del Imán, con los cristales rotos y pintas en toda la carrocería.
“Más que afectar a la empresa, el afectado soy yo porque mañana cómo voy a trabajar”, señaló el empleado a Latinus.