Las nuevas reglas del Partido de los Trabajadores de Corea fortalecen el control de Kim Jong-un sobre la organización política, el Estado y las Fuerzas Armadas.
El líder norcoreano podrá nombrar y destituir funcionarios, expulsar militantes, disolver organismos y presidir directamente las principales reuniones del partido. Un instituto de seguridad surcoreano considera que los cambios consolidan una nueva etapa de centralización del poder en torno a Kim.