El Departamento de Justicia de Estados Unidos imputó a 11 personas por una red que durante una década habría organizado alrededor de mil matrimonios falsos para facilitar la residencia legal de ciudadanos chinos.
Según la acusación, los extranjeros pagaban hasta 100 mil dólares por el servicio, mientras que ciudadanos estadounidenses recibían hasta 30 mil dólares por participar en los matrimonios. Las autoridades calificaron el caso como uno de los mayores procesos por fraude matrimonial en el país.